Claves para el manejo de trigo y cebada: los cinco pasos determinantes para controlar enfermedades

En la campaña que comenzamos a transitar, en la que se pronostica un Niño y una mejora en el patrón de lluvias, será clave seguir de cerca a los cultivos de fina.

Las enfermedades que impactan sobre el trigo y la cebada deben ser monitoreadas y controladas con un principio activo que evite mermas productivas, que pueden llegar a ser muy grandes.

En este marco, cabe recordar que las enfermedades de la campaña fina, si no se controlan correctamente, pueden generar un impacto sumamente negativo.

De esta forma, evaluar el retorno económico de la aplicación de fungicidas es fundamental, sobre todo teniendo en cuenta el momento y el producto adecuado.

CINCO PASOS CLAVE

La primer premisa es que no hay fungicida más efectivo que llegar a tiempo. Si la aplicación se realiza con las enfermedades avanzadas, lo más probable es que tengamos un mal control. El consejo aquí es ir al lote para monitorear a conciencia, puntualizando en todas las hojas activas del cultivo (no contar solo las que tengan más del 50% de necrosis o no se pueda observar la língula) y respetar los umbrales para la aplicación.

En segundo lugar, para avanzar en la aplicación de fungicidas debemos respetar las dosis recomendadas por los laboratorios, ya que en muchos casos, a causa de una dosificación por debajo de lo aconsejable, se termina generando resistencia de las enfermedades al principio activo.

Como parte del manejo adecuado, también hay que tener en cuenta la variedad sembrada. Algunas variedades de trigo y cebada son más susceptibles que otras a determinadas enfermedades. Por ejemplo, la variedad N 802 es muy susceptible a la roya amarilla. En tanto, la topografía del suelo también puede ser un factor determinante. Como en el caso de zonas con anegamientos donde la ramularia puede afectar a la cebada.

En cuanto a los principios activos, hay que tener en cuenta que hay susceptibilidad y resistencia en algunas enfermedades. Hay productos que tienen mejor control sobre una determinada enfermedad. Por ejemplo, las estrobilurinas tienen buen control general sobre las royas. En otros casos se detectaron resistencias puntuales. Como los triazoles, que ya no controlan roya anaranjada.

Otro punto es conocer los sitios de acción de los ingredientes activos y sus persistencias: los triazoles actúan sobre la síntesis de lípidos que son generados por los hongos cuando ya está dentro de la planta, por eso son solo curativos. En tanto, las estrobilurinas y las carboxamidas actúan sobre las mitocondrias (afectando la respiración y por ende la generación de energía) durante el momento de infección en la planta. Por eso, los de este último grupo son fungicidas que únicamente actúan como preventivos.

CONCLUSIÓN

Es importante saber la clasificación y desarrollo de las enfermedades típicas que impactan sobre el trigo y la cebada, para conocer las condiciones climáticas predisponentes para cada una de ellas.

Esto es conocer la forma de diseminación, las prácticas culturales para reducir el inóculo, la acción de los biológicos y los curasemillas, conocer a la variedad más resistente y definir umbrales de aplicación.

Es decir, apuntar a todas las prácticas que tengamos al alcance para reducir la incidencia y llegar a tiempo con el control.

En resumen, hay que estar siempre cerca del cultivo y su desarrollo. Monitorear, tener una clara identificación de las enfermedades y de qué principio activo necesitamos en cada caso. Y siempre tener en cuenta que la mejor acción es llegar temprano con la aplicación, ya que es muy alta la renta que podemos dejar en el camino si no lo hacemos.

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